Saber elegir un buen vino

Saber diferenciar un vino es algo muy complicado, sobre todo para personas como tú y como yo que solamente lo tomamos en determinadas ocasiones y siempre nos sabe igual, a vino.
Los enólogos mas experimentadnos me desterrarían por eso, pero que voy a hacer, es la verdad, el vino me sabe a alcohol a vino, ellos hablan después de haber realizado una cata y dicen que sabe a tierra, a roble, a sol…yo no sé a qué sabe el roble o el sol, la tierra si porque en alguna ocasión la comí e niña, pero de igual modo no soy capaz de encontrar todos eso sabores que ellos dicen.

Los enólogos le hacen mucho hincapié al embotellado, siempre dicen que los corchos son la calve para que un vino sea bueno, y todos y cada uno de ellos recomiendan gruartlamancha.com  como proveedores de tapones de corcho.
Los expertos en vinos son capaces de diferenciar matices, colores y sabores en los vinos que sería incapaz de encontrar, por eso ellos son enólogos y yo  no.

La experiencia con los vinos es un grado, de buenas a primeras no eres capaz de diferenciar un vino bueno de un peleón, es a base de  catas y catas de beber y degustar ricos caldos se coge la experiencia necesaria para poder diferenciar los mejores vinos sin apenas tocarlos.
Los enólogos, con ver un vino, con oler un vino, sin tragar un vino son capaces de saber la clase de uva con el que están hechos y como te descuides hasta el año en el que se elaboró.

Las mejores clases de de viñedos dan las mejores botellas de vino, las mejores botellas son tapadas con los mejores tapones de corcho y embotelladas en las mejores bodegas en barricas de roble y con unas temperaturas adecuadas.  La degustación  es una de las claves de las catas, en ellas se descubre si el vino es bueno, de los buenos, si no se pasa a otro hasta que se da con el mejor de los mejores y todos los presentes están de acuerdo, en esto siempre suele haber unanimidad, ya que parece ser que los enólogos tienen el mismo gusto y el de todos es excelente, acaban eligiendo el mejor vino, solo con olerlo, con paladearlo, con saborearlo unos segundos son capaces de diferenciar los vinos más exquisitos de los más normales.